
Hacemos nacer mariposas de la rugosidad del papel
De la letra al color

Mi inspiración
Escalar para ver el mundo desde otra perspectiva,
para reencontrarte con la naturaleza y conectar con quien eres
Tenía 7 años cuando subí mi primer volcán, se trataba del Paricutín (en purépecha Parhíkutini 'lugar al otro lado'), el cual se encuentra en Michoacán. La expedición estuvo a cargo de dos profesoras, una geógrafa y una escritora a quienes se les ocurrió la descabellada idea de llevar un grupo de niños y niñas entre los 6 y los 12 años desde Ciudad de México hasta el cráter del volcán. Nos entrenaron a lo largo de tres meses para que aguantáramos el camino. La aventura fue inolvidable. Olvidaron un niño en un zoológico, lo que asustó a todo el mundo, principalmente a las maestras (Afortunadamente apareció); al intentar subir el volcán se inició una tormenta, lo que ocasionó que nos perdiéramos y nos viéramos obligados a descender. La camioneta en la que íbamos se quedó atorada en el lodo y hubo que empujar. ¿Era aquel el final? Las maestras nos llamaron a reunión y nos plantearon las circunstancias: no quedaba dinero, no quedaba mucha comida. ¿Queríamos intentarlo nuevamente? Votamos y se decidió que intercambiaríamos una parte de nuestros víveres a cambio de un lugar donde pasar la noche. Lo que nos dejó a la merced de raciones muy pequeñas de agua y comida para aguantar subir hasta el cráter. Estábamos cansados pero al siguiente día lo volvimos a intentar.
Éste fue el comienzo de mi amor por los volcanes.



















